Localidad de Usaquén, un mercado con historia

Martes, Junio 4, 2013 - 12:40
El mercado de las pulgas ha representado un espacio en el que los ciudadanos interactúan; es un enlace de comercialización de cualquier tipo de objetos que reúne cada domingo a miles de personas, quienes otorgan un uso a estos productos. Allí prima continuar con un legado valioso que ha caracterizado a la ciudad de Bogotá.
En 1991 nació el mercado de las pulgas de Usaquén, un sitio donde la gente llega todos los domingos y festivos para disfrutar del ambiente cultural y artesanal característico de este lugar. Cada semana hay diferentes artesanías, antigüedades, gastronomía, música en vivo y mucho más.
Esta tradicional venta lleva 20 años en la localidad y surgió como una convocatoria de la Alcaldía en el año 1990. En la época se convocó a artesanos y artistas para mostrar su talento.
Unos 120 emprendedores ofrecen cada fin de semana sus exclusivos productos a los capitalinos y a los turistas nacionales y extranjeros que buscan una opción diferente de comercio que les permite obtener variedades al mismo tiempo que pasan un rato agradable.
Los visitantes
En medio de una mañana soleada, niños y adultos recorren uno a uno los puestos del mercado, mientras se antojan de diferentes cosas que muy difícilmente encontrarán en otro lugar.
Edith Fonseca, una de las tantas compradoras que asiste al mercado junto con su esposo,  dice que ya había venido y que este lugar ya se conoce en todo Bogotá, pues la gente comenta sobre la variedad que ofrece, por lo que considera que la voz a voz ha sido su mayor publicidad desde hace muchos años.
Jorge Estévez, dice que va al mercado regularmente hace muchos años, pues consigue “montones de cosas muy bien hechas”, por lo que le parece un buen plan  para pasar el domingo.
Desde las nueve de la mañana y hasta las seis de la tarde los distintos idiomas invaden el sector de Usaquén, pues gente de diversos lugares del mundo han sacado en su agenda de viajeros un espacio para hacer un recorrido por las artesanías tradicionales de Colombia.
Joseph Thompson, estadounidense, dice utilizando las pocas palabras que conoce en español que este es un “lugar muy chévere y único”, pues muchas de las cosas que ha encontrado no las ha visto nunca antes.
Por su parte, Manuel Méndez, proveniente de nuestro país vecino Venezuela, dice que decidió ir al mercado porque sus amigos le habían comentado sobre muchas cosas curiosas que se encuentran allí, y en viajes anteriores a Colombia no había podido asistir. Además, aseguró que era uno de los domingos más  divertidos que había pasado en Colombia, pues había conseguido muchas cosas llamativas y probado alimentes que nunca había comido.
Más de 200 visitantes adornan el paisaje de este espacio, y entre risas y comentarios, adquieren productos de todo tipo en un día predominantemente familiar.
La oferta
Desde hace más de diez años que los diferentes productos del comercio capitalino se encuentran en el mercado de las pulgas de Usaquén, hoy cada expositor se esfuerza por ofrecer una propuesta diferente que lleve a que el comprador se apropie de esta.
Sara Parra pone a prueba la creatividad  de niños y adultos domingo a domingo cuando con una sonrisa en su cara les ofrece camisetas y pañoletas lavables, que al ser pintadas con marcadores especiales pueden albergar cualquier tipo de mensaje una y otra vez, pues luego de ser lavadas quedan blancas. Según ella, “la propuesta les encanta, sobre todo a los extranjeros, uno cree que ellos lo han visto todo, pero no, esto les parece único”.
Por su parte, hace 7 años que Fernando Acosta vende artesanías con diseños exclusivos, y todos los fines de semana trae sus productos desde el local que tiene en el centro de la ciudad. Según él, este mercado se ha vuelto un sitio para turistas, que lo reconocen como un sitio original y llamativo.
La oferta en este espacio es amplia, pues alberga todo tipo de productos que hacen que el concepto de mercado de las pulgas se transforme y adopte distintas definiciones cada domingo, pues la comercialización traspasa los límites de las ventas artesanales comunes y corrientes.
“Trabajamos con resina y acero inoxidable, hacemos joyería con estos materiales, hace dos años estamos acá y nos hemos mantenido, hay otros que no cuentan con la misma suerte, pues vienen, ensayan y como no venden tanto se van, aunque en general casi siempre estamos los mismos”, dice Katina Uribe, la dueña de un puesto que resalta por el diseño exclusivo de las piezas que se venden. Ella también cuenta que el mercado ahora esta dividió en varias partes de la localidad, pues al recuperar el espacio público se tuvieron que acomodar en distintos lugares en donde sí se pudiera trabajar “hay otros ubicados más abajo, ya no estamos todos”, dijo.
La capacidad para proponer e innovar es la clave del éxito, pues los clientes buscan exclusividad y originalidad, ya que la característica principal de esta venta es ofrecer lo que no hay normalmente en otro tipo de almacenes.
Luis Ernesto Morales trabaja el cuero desde hace ocho años, dándole texturas y colores diferentes, y aunque según él vendían más antes de la reubicación del mercado, ya que ahora hay que caminar más para llegar, sigue ofreciendo innovación con un material que da diversas posibilidades “estando abajo cerca al parqueadero nos iba mejor, aunque sigue viniendo mucho extranjero”, dice.
La oferta ofrecida por los vendedores pone a prueba la imaginación de los visitantes que al entrar no saben con que se pueden encontrar, pues cada fin de semana este espacio se transforma acudiendo a la creatividad.
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